Columna La Nación Domingo – Deseo Sexual
Hoy no, mañana tampoco
No me sorprendió que llegaran muchísimas preguntas al mail consultoriosexual@lanacion.cl relacionados con la falta de deseo. La razón: porque los trastornos de éste (el deseo) son la nueva gran disfuncion sexual; es lo que se viene. Para ejemplificarlo de alguna forma, se podría decir que tener falta de deseo es ir a la vanguardia en términos de disfunciones sexuales.
No me sorprendió que llegaran muchísimas preguntas al mail consultoriosexual@lanacion.cl relacionados con la falta de deseo. La razón: porque los trastornos de éste (el deseo) son la nueva gran disfunción sexual; es lo que se viene. Para ejemplificarlo de alguna forma, se podría decir que tener falta de deseo es ir a la vanguardia en términos de disfunciones sexuales.
La gran mayoría de las personas, hemos rehusado el sexo alguna vez. Puede ser porque hemos estado muy cansados, tensos, preocupados por el trabajo, las cuentas, la salud de algún ser querido o la nuestra, o porque simplemente no estamos de ánimo. Y decimos: “Hoy no”. Pero el panorama es bastante diferente cuando la respuesta a la actividad sexual es decir: “Hoy no, mañana no, pasado tampoco” y así seguir por semanas, meses e incluso años. Es muy probable que esto genere problemas en la relación de pareja (pero, ¿qué es primero, el huevo o la gallina?) o que cause tal grado de desesperación que te haga aislarte de la gente y de situaciones sociales, donde potencialmente te puedes exponer a lo que tratas de evitar.
Podríamos encontrarnos ante un caso de deseo sexual hipoactivo o bajo, cuando hay disminución (o ausencia) de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente. Más aún si esto, a su vez, genera malestar acusado o dificultades de relación interpersonal.
Este trastorno sexual no se explica mejor por la presencia de otro trastorno (excepto otra disfunción sexual) y no se debe exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una sustancia, drogas o fármacos, como la gran mayoría de los antidepresivos, que se consumen en gran cantidad en nuestro país, o a una enfermedad médica.
Pero hay que hacer una aclaración, ya que muchas veces llegan a la consulta parejas donde uno tiene un deseo mucho más elevado que el otro y, en dichos casos, esto no necesariamente implica que el otro tenga un trastorno, ni nada parecido. Simplemente son necesidades distintas, pero en las parejas no sólo la falta de deseo en uno o ambos miembros puede ser origen de sufrimiento y conflictos, si no también las discrepancias en relación a éste y la falta de alguna forma adecuada de negociación.
¿Qué hacer en este caso? ¿Qué hacer cuando, por ejemplo, ocurre lo siguiente? “Es que, por él, tendría sexo todos los días y yo no quiero todos los días. Yo, por mí, estaría feliz con una vez a la semana, pero los 7 días como le gusta a él, imposible”.
Para explicar una forma simple de negociación, que es lo más indicado en un caso como éste, lo voy a hacer a través del siguiente ejemplo: Aníbal y Mónica han estado ahorrando para comprar un auto. Tienen claro que quieren una camioneta, ya que a ella le sirve por su trabajo de paisajista, para poder transportar plantas y materiales, y a él siempre le han gustado las camionetas, aparte que le sirve mucho para cuando hace paseos en moto. Llega el gran día y parten un sábado temprano en la mañana a la compraventa de un amigo cercano de ambos. Una vez ahí, rápidamente se deciden por un modelo que cumple con todas las características que ellos están buscando. Pero Mónica quiere que sea blanca y Aníbal la quiere azul. ¡Gran dilema!
¿Qué hacer? Por ejemplo, podría ceder Mónica y comprarla azul, pero ¿cómo se va a sentir ella? ¿Cómo se va a sentir él, si ocurre lo inverso?
La idea es llegar a un resultado donde los dos ganan. Entonces Aníbal pregunta si le gustaría que fuera verde y ella responde que no le gusta mucho el verde, que prefiere el amarillo, luego el le dice que ese amarillo en particular no le gusta porque es igual al de su primer auto, que vivía en panne y que no le trae muy buenos recuerdos. Luego le muestra la camioneta de color gris. -¿Te gusta?, pregunta.
-Sí, es bonita. A ti ¿te gusta?
-Sí, me gusta harto, concluye.
Llega el vendedor y les pregunta por cuál se han decidido. Ellos responden que por la gris. Entonces inquiere quién la quería gris. Aníbal dice que él la quería azul. Mónica dice que ella la quería blanca. Luego el vendedor con cara de desorientado les pregunta entonces que a quién le gusta el gris y ellos responden: “A nosotros nos gusta el gris”. No es la que él más quería, ni tampoco la que ella más quería, es la que la pareja más quería y, así, ambos ganan.
Esta es sólo la primera de otras columnas que dedicaremos a la falta de deseo, habida cuenta del interés de nuestros lectores por este asunto.
www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090509/pags/20090509191744.html



