La “Ciber Canita al Aire”

POR PS. RODIGO JARPA:

Cada vez es más común, mediante una serie de instrucciones relativamente fáciles, tener acceso al mundo de internet. Acceder a una gran gama de opciones disponibles con un simple clic, le permite a la gente hoy en día hacer las compras del supermercado, de libros, aparatos de ejercicio, regalos varios y hasta conseguir “amigos o pareja ideal”.

Existen en el mundo alrededor de 700 millones de internautas (Ávila, 2005) con los cuales, teóricamente, podríamos establecer comunicación virtual, considerada hoy por hoy la forma más común de cometer infidelidad. Esto podría ser una exageración, sin embargo, existen sitios especializados a donde se acude con la intención de buscar a alguien con quien platicar o encontrar a la persona deseada para compartir toda una vida.

Como seres humanos, todos tenemos la necesidad de amar y ser amados, y esta necesidad nos hace probar todos aquellos caminos disponibles para encontrar a la media naranja.

Sin embargo, la importancia de la atracción entre las personas es probablemente uno de los aspectos más relevantes de la interacción social, que opera en muchas de nuestras relaciones interpersonales, regulándolas y dotándolas de sentido (Sangrador, 1982).

Internet es una posibilidad tecnológica disponible para conquistar a una ciberprincesa o ciberpríncipe azul. Los sitios especializados ofrecen socializar de forma electrónica en foros especializados (amor, deportes, sala internacional, la piscina, etc.), donde las personas acuden con el propósito abierto de seducir a alguien o encontrar a un amigo virtual.

Son múltiples los motivos que llevan a una persona a buscar pareja en la red, sólo por enumerar unos cuantos tenemos: mostrar poca habilidad en las relaciones cara a cara para interactuar, tener una relación de pareja conflictiva, sentirse solo, haber terminado un relación anterior, ser tímido, estar desempleado, tener relaciones conflictivas, no sentirse comprendido por su actual pareja, tener alguna patología que no le permite a la persona socializar con otras personas, ser un adicto u obsesivo con el uso de la red, por simple diversión, para establecerse con una persona como proyecto de vida o abusar de otros mediante el recurso del engaño la mentira.

En la práctica terapéutica es cada vez más común que los pacientes lleguen a la consulta por haber encontrado indicios o pruebas de que la pareja le está siendo infiel. Las evidencias pueden ser recabadas en el teléfono celular o en los correos electrónicos que, “por error”, vieron. En este sentido, es bastante común encontrar rastros de ciberinfidelidad.

Otros terapeutas en cambio, señalan al respecto (Gwinnell, 1999) que algunos pacientes empezaron a hablar sobre sus relaciones obsesivas a través de la red y sobre su adicción a internet. Algunos habían transformado sus comportamientos obsesivos, como los atracones de comida o los pequeños hurtos en los supermercados, en una obsesión por los canales de conversación dedicados al sexo o a cualquier otro tema.

Existen evidencias que a hombres y mujeres les impacta de manera distinta descubrir una ciberinfidelidad. Mientras los hombres lo toman como un simple juego, para las mujeres esto se convierte en un acto de infidelidad semejante al acto cometido presencialmente. Los datos apuntan a confirmar que alrededor de una tercera parte de las relaciones que se inician en el chat, terminan en un encuentro real (Barrera, 2006).

Frente a este panorama, es importante señalar que lo que sea considerado como infidelidad o no, debe ser definido por la pareja misma. Tal vez para algunas de ellas las “ciberinfidelidades” no tienen ninguna importancia, pero para otras puede ser un impacto tan doloroso como pillar a la pareja en la cama in fraganti, aunque esto mismo también puede ser aceptado sin traumas para otras parejas.

Por Rodrigo Jarpa

facebook twitter Google Buzz MySpace delicious

Comments are closed.